PAULA ALMERARES

Paula Almerares, una joven formal

12 de diciembre de 2006 La Nación

Paula Almerares está peinada, maquillada y vestida con suma prolijidad. Habla despacio y mueve las manos casi en cámara lenta; todo en ella es calmo, elegante, sobrio y moderado. Aun así se le nota en cada gesto, y sobre todo en la mirada, la tremenda felicidad que la embarga estos últimos días. Es que a pesar de tener 17 años de carrera profesional, de haber compartido escenarios con figuras de la talla de Alfredo Kraus o Plácido Domingo, la soprano platense considera que éste es el momento de su despegue.

Suena extraño escucharla hablar de un año bisagra, de un clic que modifica rumbos. Cualquiera supondría que eso pudo haber sucedido años atrás, por ejemplo cuando en 1994 ganó el Concurso Internacional Traviata 2000, premio que le permitió protagonizar la ópera de Verdi dirigida por Lorin Maazel, o cuando debutó, en 2002, en el Metropolitan Opera House de Nueva York junto a Juan Diego Florez.

Esos fueron buenos años, sin duda, pero para Almerares este 2006 tuvo todas las características necesarias para que pudiera considerarlo no sólo el mejor sino uno determinante para su futuro como cantante. A saber: no sólo cerró con una ovación para la Liù que interpretó enTurandot , la última producción que realizó el Teatro Colón en el Luna Park, sino que brilló en el Romeo y Julieta , de Gounod, que en agosto protagonizó en el Argentino de La Plata. Pero antes que estos réditos locales, Almerares debutó en el Teatro de Cagliari, con Cherubin , de Massenet, y en la Opera de Roma, con Il turco in Italia , de Rossini.

“Después de ocho años en Italia, recién ahora empiezo a sentir una diferencia en relación con mi vínculo con el público. Me interesa poder llegar a todos lo que tengo adentro, y eso es lo que está sucediendo en este momento en Italia, a partir, especialmente, de mi debut en la Opera de Roma. En la Argentina me siento como la primera vez que canté en el Colón Los cuentos de Hoffman . Estoy a full , tanto porTurandot como por Romeo y Julieta .”

El entusiasmo de Paula Almerares no sólo es por la tremenda bienvenida que le dio el público porteño después de tres años de ausencia o por la que habitualmente le tributa el platense, sino porque atribuye tanto aplauso caluroso y sincero a un importante crecimiento artístico y personal.

“De verdad siento que mi trabajo tiene más aplomo, más seguridad, todo a partir de una solvencia técnica ya afirmada. Quiero hacer esto, y sale; quiero lo otro, y sale. Al principio de mi carrera, todo era fabuloso, lleno de adrenalina, pero menos consciente. Si bien creo que recuperé esa adrenalina, esas ganas arrolladoras del comienzo, ahora todo es más consciente. Sé lo que estoy haciendo”, explica la soprano.

El aplomo al que se refiere es, sin duda, el resultado de una conducta que le permitió mantenerse en el medio elegido y crecer en él sin prisa, pero con pasos firmes. “Es fácil tener un gran triunfo, como me pasó a mí, pero después hay que sostenerlo. Y se logra con la voz, pero también con un crecimiento interior que te permita resistir momentos no tan buenos, situaciones personales difíciles. Después de todo, uno es un ser humano, por suerte.”

Sorteando obstáculos

Fueron varios los momentos difíciles que Almerares supo sortear. Uno, irse de La Plata para instalarse en Verona, para apostar por una carrera en el exterior. Suena soñado y quizá lo sea aún para ella, pero si se escarba apenas un poco en esta joven que no pierde ocasión de hacer referencia a que fue el aroma de los tilos que sombrean las calles del barrio platense donde se crió el que la ayudó a encontrar en la ciudad italiana un segundo hogar, hace repensar cualquier teoría. Muchos viajes sola, muchos regresos a elegantes hoteles luego de grandes funciones, pero sin una mano amiga con quien compartir.

Otro momento complicado, quizás el más difícil de comprender, fue el bache de más de tres años sin cantar en el Colón. Luego de Manon , de Massenet, que interpretó en 2003, no hubo más llamados, hecho que no sólo la entristeció, sino que la desconcertó ya que durante varios años consecutivos había sido convocada. “Si supiera qué pasó, lo diría, pero de verdad no lo sé. A veces, cada director viene con su librito y esas cosas.”

Por eso, luego de ese tiempo transcurrido, no pudo dejar de sorprenderse de que la llamaran para interpretar a Liù en el segundo elenco de Turandot . A decir verdad, Almerares no estuvo en los planes iniciales para esta producción, pero un problema de último momento la puso en la cabeza de las autoridades del teatro.

“Para mí, volver a cantar en Buenos Aires en estas circunstancias, un poco inesperadas pero igualmente gratificantes y con un rol que nunca había hecho me produjo una emoción enorme”, expresa, sin que se le descubra ningún resentimiento.

-¿No dudaste en aceptar?

-No, pero porque a pesar de que nunca había cantado la Liù, yo conocía la parte. Si hubiese sido un rol nuevo para mí, no lo hubiera aceptado. Yo preparo un personaje, como a mí me gusta, en no menos de seis meses. Lo que pasó con la Liù fue increíble. Turandot fue la primera ópera que escuché cuando tenía 15 años. Nos íbamos de vacaciones y yo llevaba un xilofón para vocalizar -estudiaba canto desde los 14- junto a un cassette con una versión de Turandot con Joan Sutherland y Montserrat Caballé haciendo Liù. Me apasionaba ese papel y lo estudié a pie juntillas durante quince días.

La soprano ya leía música gracias a los siete años de estudio de violín junto a su papá. Esa misma partitura que marcó, señalizó y estudió durante ese veraneo fue la que utilizó para “repasar” el personaje antes de subir a escena en el Luna Park. “Por supuesto maduré otras cosas que me permitieron hacerla. Quizás en algún momento me la planteé, pero no me sentía capacitada para interpretarla, tenía que estar más fuerte, más grande y psicológicamente en equilibrio, porque lo mío viene de adentro, y si no lo siento así, no lo hago”.

Con esa misma firmeza a veces enfrenta a su representante cuando trata de convencerla de aceptar papeles que ella no quiere. “Creo que una de las claves de mi permanencia es el modo en que cuido mi voz; nunca quise hacer cosas que me dañaran, como alcanzar registros que no son naturalmente los míos. Hay gente que dice: «Probemos»; yo, no. Me siento bien con el bel canto y adoro el repertorio francés. Siempre tuve un sexto sentido que me decía: «Por acá sí; esto no»”.

Paula Almerares es serena. Por eso, más allá de la felicidad que la embarga, es difícil imaginarla enloquecida por haber cantado en la Met, en el Colón o en la Opera de Roma, y fácil creerle cuando dice que, una vez sobre el escenario, todos son iguales. “Cuando me va bien, cualquier lugar es el mejor, sea el Teatro Argentino, el San Carlo de Nápoles o el Luna Park”.